martes, 17 de enero de 2012

Sancte Antonius, ora pro nobis


"Tengan también esta otra señal: si el alma sigue con miedo, el enemigo está presente. Los demonios no quitan el miedo que producen, como lo hizo el gran arcángel Gabriel con María y Zacarías, y el que se le apareció a las mujeres en el sepulcro. Los demonios, al contrario, cuando ven que los hombres tienen miedo, aumentan sus fantasmagorías, para aterrorizarlos aún más, luego bajan y los engañan diciéndoles: 'Póstrense y adórennos'".
Tomado del discurso sobre el discernimiento de espíritus de la Vita Antonii escrita por San Atanasio

viernes, 13 de enero de 2012

In baptismate DN Jesu Christi


Sermón predicado el 9 de enero de 2009 y el 13 de enero de 2012


Es curioso, muchas aves en las horas crepusculares suelen gritar con todas sus fuerzas. Es como si tuvieran miedo al día que termina o al que comienza. Con sus gritos pretenden fastidiar el humor de sus potenciales depredadores y tenerlos alejados, mientras buscan refugio y seguridad en la compañía de otras aves de la misma especie. Ya en otra ocasión les he contado que hace algunos años me regalaron un loro bebé, un polluelo que tuve que alimentar desde pequeño con una cuchara. El polluelo fue creciendo hasta convertirse en un loro fuerte y chistoso. A un cierto punto, como les sucede a todos los loros, descubrió que su pico y su voz eran sus juguetes favoritos, y también su arma más confiable. Gritaba con todas sus fuerzas cuando se sentía solo o fuera de lugar.


Un día me regalaron otro loro de la misma especie, pero un año más joven. Pensé que el asunto de la soledad estaba finalmente arreglado. Pero no fue así. Cuando intenté poner juntos a los dos loros, el más joven, y menos corpulento, esponjó sus plumas hasta parecer una gran pelota emplumada para fingir ser el más grande y comenzó a lanzar gritos y picotazos contra el loro mayor. El más grande, en cambio, comenzó seriamente a proteger su territorio y a devolver con arrogancia cada picotazo que el más joven le propinaba. Muchas veces pensé que así como nos sucede a todos, estos loros tenían la solución a todas sus soledades y angustias en su propia casa, pero el complicado juego que establece quién es el más grande siempre acaba por privarnos de la felicidad. ¡Qué curioso! El otro día un hermano, mientras íbamos de camino, me hizo notar que casi siempre buscamos la felicidad como quien busca sus lentes y los tiene en la cabeza.


Bueno, el caso es que para disolver las diferencias entre los dos loros, decidí recurrir a un truco infalible. Saben, el agua es siempre un medio de reconciliación. Une lo que de otro modo no se disuelve. Incluso las fieras más temibles perdonan la vida a su presa si a la mano hay agua que les permita aplacar la rebelión interna que la sed provoca. También los loros aman el agua. Ya desde el nido aprenden a bañarse incluso antes de aprender a nutrirse por sí solos. En las tardes de lluvia, los polluelos apenas emplumados salen en fila, caminando de lado, una pata después de la otra, sujetándose con fuerza de las más gruesas ramas de los árboles gracias a sus afiladas uñas todavía sin estrenar. Y disfrutan, como chiquillos que son, la fiesta del agua. Como las plumas brotan encapsuladas en una suerte de espina, cuando emerge la suavidad del plumaje, la espina se revienta en muchas pequeñas escamas que provocan picazón e incomodidad al antiguo dinosaurio volador. El agua alivia la incomodidad de las plumas nuevas, lo suaviza todo. Además, hace hervir de frescura el torrente sanguíneo, y el polluelo acaba con el corazón bien alegre.


Fue así como pude hacer que los dos loros se hicieran amigos. Los llevé a tomar un baño de agua fresca. No pudieron resistir. En pocos minutos el agua había borrado territorios y tamaños, y los dos rivales disfrutaban la fiesta del agua como dos viejos camaradas.


El Creador de todas las cosas quiso que el agua fuera instrumento de reconciliación, de amistad, de pureza y de paz. ¿Cómo se nutriría la raíz de la tierra, sin la mediación del agua? ¿Cómo se restauraría la belleza, sin la pureza desinteresada del agua? ¿Cómo se refrescaría la caridad sin un vaso de agua? El agua obliga a la solidaridad y a la amistad. Por eso Dios quiso que el agua fuera el signo de su vida y de su amor. Cristo, al bajar a las frías aguas del Jordán, quiso manifestar su descenso en la frialdad de nuestra muerte para que nosotros ascendamos a la frescura de su vida divina. Cristo, al bajar a la aguas del Jordán manifestó ante el mundo entero que Dios es pequeño y humilde y que su amor quiere la amistad con el corazón sediento del hombre. Cuando Cristo fue bautizado por Juan en el Jordán, Dios vino a la fiesta del agua y de la limpieza. Vino a alegrarse con el hombre, a ser amigo suyo. Pero eso no es todo. Dios Padre, Creador de todo, que en el principio separó las aguas para establecer la tierra firme donde pudiera el hombre caminar y vivir la vida, cuando Cristo fue bautizado ya no separó las aguas, porque en adelante las aguas habrían de ser sacramento de unidad entre los hombres. Abrió Dios los cielos y los separó, para que el hombre tuviera cielo firme, un territorio de comunión con los santos. Abrió Dios los cielos para que entren en ellos los que se unen en caridad por las aguas del bautismo. Cuando Juan bautizó a Cristo con el agua del Jordán, el Padre lo bautizó con su testimonio de amor: “Éste es mi Hijo muy amado”. Y cada uno de nosotros ha celebrado su propio bautismo en su bautismo de amor. Hemos sido bautizados en el torrente de amor con que el Padre ama a Cristo. No ensuciemos las aguas de la vida, no dividamos las aguas del único amor, no despreciemos la claridad de la gracia que nos salva.

miércoles, 4 de enero de 2012

Neopsephotus bourkii


Desde hace algunos años criamos periquitos de Bourke, una especie única en su género. Los bourki son relativamente difíciles de reproducir. No soportan fácilmente los cambios de temperatura y el exceso de humedad puede ser fatal. Bien alimentados son alegres, juguetones y amigables. Tienen la ventaja de no ser muy ruidosos ni destructores, a diferencia de la mayoría de psitácidos. Mi experiencia en la reproducción ha sido medianamente buena. Los bourki tienden a tener nidadas estériles, y las madres, que son las únicas encargadas de la incubación, son muy nerviosas durante los primeros días de la misma. Pero una vez pasados los primeros días de incubación, y claro, admitido que la postura sea fértil, las cosas resultan más sencillas. El mejor nido es una caja de madera de 20x20x30 cm, con peldaños de madera pegados al interior para facilitar la entrada y salida.

 

Los ejemplares en coloración ancestral son grises con el vientre rosa. Este plumaje funciona como camuflaje y como filtro solar natural. En cautiverio se han obtenido muy interesantes coloraciones. En mi experiencia los ejemplares rosa tienen mejor adaptabilidad a la vida que los ancestrales.


Los bourki son aves que pasan mucho tiempo en el suelo buscando semillas y germinados, como las tórtolas. Por ello en cautiverio la limpieza del fondo de la jaula es indispensable. La mejor dieta para el bourki consiste en una mezcla de alpiste, mijo, avena y ocasionalmente níger. A esto hay que añadir frutas y verduras como manzana, pepino, zanahorias muy tiernas, apio y vaina de nabo, además de pan multigrano y pasta de cría con huevo cocido.


Aprendiendo a vivir

domingo, 1 de enero de 2012

Von guten Mächten wunderbar geborgen



Texto de Dietrich Bonhoeffer, 28 diciembre 1944
Música de Siegfried Fietz

Von guten Mächten treu und still umgeben,
behütet und getröstet wunderbar.
So will ich diese Tage mit euch leben
und mit euch gehen in ein neues Jahr.

Fiel y silenciosamente rodeado de poderes bienhechores,
protegido y maravillosamente consolado,
quiero vivir estos días con ustedes
y con ustedes entrar en un nuevo año.

Noch will das Alte unsere Herzen quälen,
noch drückt uns böser Tage schwere Last.
Ach, Herr, gib unseren aufgescheuchten Seelen
das Heil, für das du uns bereitet hast.

Todavía quiere el pasado atormentar nuestros corazones,
todavía nos oprime la pesada carga de malos días.
Señor, confiere a nuestras espantadas almas
la salvación que para nosotros tienes preparada.

Und reichst du uns den schweren Kelch, 
den bittren
des Leids, gefüllt bis an den höchsten Rand,
so nehmen wir ihn dankbar ohne Zittern
aus deiner guten und geliebten Hand.

Y si nos tiendes el pesado, el amargo cáliz
del dolor, lleno hasta desbordar,
lo tomaremos agradecidos y sin temblar
de tu buena y amada mano.

Doch willst du uns noch einmal Freude schenken
an dieser Welt und ihrer Sonne Glanz,
dann woll'n wir des Vergangenen gedenken
und dann gehört dir unser Leben ganz.

Pero si una vez más quieres concedernos alegría
por este mundo y el brillo de su sol,
al pasado retornará nuestra memoria
y nuestra vida será toda para ti.

Laß warm und still die Kerzen heute flammen,
die du in unsere Dunkelheit gebracht.
Führ, wenn es sein kann, wieder uns zusammen.
Wir wissen es, dein Licht scheint in der Nacht.

Permite que hoy llameen con calor y paz los cirios
que tú has traído a nuestra oscuridad;
y, si es posible, reúnenos de nuevo.
Nosotros sabemos que tu luz brilla en la noche.

Wenn sich die Stille nun tief um uns breitet,
so laß uns hören jenen vollen Klang
der Welt,
 die unsichtbar sich um uns weitet,
all Deiner Kinder hohen Lobgesang.

Cuando el silencio profundo reine a nuestro alrededor,
concédenos escuchar el sonido entero
del mundo, que invisible se expande en torno nuestro,
el supremo canto de alabanza de todos tus hijos.

Von guten Mächten wunderbar geborgen,
erwarten wir getrost, was kommen mag.
Gott ist mit uns am Abend und am Morgen
und ganz gewiß an jedem neuen Tag.



Maravillosamente protegidos por poderes bienhechores,
esperemos confiados lo que venga.
Dios está con nosotros de tarde y de mañana,
y ciertamente en cada nuevo día.


domingo, 25 de diciembre de 2011

De incarnatione Verbi


Dios, cuando formó al hombre y le dio aliento de vida, puso en la mente del hombre la chispa de su verdad. Entre todos los vivientes que pueblan la tierra, sólo nosotros los humanos podemos pensar en Dios. Su Nombre y su recuerdo son la piedra angular del edificio de nuestra razón, es más, yo creo que sin esta idea de Dios, la razón humana sería  un absurdo.
Pero nosotros no quisimos abrir los ojos a la luz. Cegamos nuestros ojos con la tiniebla del pecado. Por eso vino Dios en carne humana, oculto en carne verdadera. Se ocultó para encender en nuestros corazones la claridad de su divinidad. Y María fue la primera en acoger en su corazón la luz de Dios. Desde entonces “ella guardaba todas estas cosas y las meditaba en su corazón”.
Y así, el Verbo de Dios asumió nuestra carne debilitada por la ceguera del pecado y de la muerte. No hubo más remedio que su divinidad; sólo un Dios pudo salvarnos. Y para darnos su divinidad como alimento, nos entregó su cuerpo y su sangre. Pues el Verbo de Dios, al asumir nuestra naturaleza, se unió a ella de tal manera que ya nada podrá separarla jamás. El que era consustancial al Padre, se hizo consustancial a la Madre. Nuestra carne y sangre son su cuerpo y su sangre, y con ellas nos alimenta. La carne que el Verbo tomó de la sangre purísima de María Virgen es la carne de nuestra humanidad, pero admirablemente renovada por la consagración virginal de la gracia.
Los Santos Padres creyeron que Jesús entró en el mundo no como entramos todos los hombres, arrojados al mundo a través de la violencia del amor. Los Padres enseñaron que al  llegar la plenitud de los tiempos, envió Dios a su Hijo, nacido de una mujer, sin concurso de varón. Y su nacimiento, por ser un nacimiento de gloria, fue un nacimiento de paz. La gloria de Dios entró en el mundo pacíficamente a través del claustro virginal de María, sin dejar huella alguna de su paso, sin herir la carne que él había venido a sanar. La Gloria nació en el mundo sin violencia; más bien entró en el mundo milagrosamente. Y, como enseña Santo Tomás, las cosas que se producen milagrosamente bajo el impulso del Espíritu Santo son siempre más perfectas que las que se producen naturalmente, como cuando Cristo convirtió el agua en vino, y ésta no se trocó en vino corriente, sino que se produjo el vino mejor. Así Cristo, milagrosamente nacido de María Virgen, es el hombre más humano, el hombre mejor, a la altura de sí mismo. Su nacimiento es la manifestación de lo que la carne del hombre debe llegar a ser: un cuerpo en tal perfección de comunión entre naturaleza y gracia, que jamás hiere al otro, que no destruye la bondad ni marchita la belleza, sino que consagra la hospitalidad con hospitalidad, sin violencia.
El Verbo de Dios entró en el mundo comulgando con la naturaleza humana, tomando devotamente cuerpo y alma humanos. Y los tomó sin despreciar nada. No tuvo horror de nuestra carne, pero asumió al hombre mejor, al hombre que debemos llegar a ser. Por eso, el nacimiento de Cristo es de algún modo el nacimiento de todos los cristianos. Con toda verdad recuerda san Agustín que cuando comulgamos en el altar de Dios, el sacerdote te dice “Cuerpo de Cristo”, y tú respondes “Amén”, porque afirmas lo que eres, cuerpo de Cristo, nacido de su sangre, fruto de su pasión. Él tomó nuestra carne para darnos una carne mejor, nacida no de la violencia del amor, sino del amor a la paz y la comunión. Nos la dio a nosotros, que no podemos dejar de herir a los demás. Él nos dio la carne que no hiere, la carne que no está en guerra consigo misma, la carne que salva al hombre devorado por la lepra del pecado.
Con toda verdad oyó la doctísima Hildegarda la voz de Dios que resonó en su corazón diciéndole que en el pan y el vino del altar germina la divinidad de Aquél que por nosotros se nutrió de pan y vino. La ofrenda se convierte en la carne y la sangre del Señor, pero a los ojos de los hombres parece pan y vino: “porque tan tierna es la fragilidad humana, que le espantaría recibir carne y sangre crudas”.
Por eso, no tengas en poca cosa la carne del Señor, no tengas asco de beber su sangre que es tu sangre y mi sangre. Porque él ha tenido la cortesía de darte carne y sangre verdaderas en la tierna bondad del pan y del vino. Y esta carne y esta sangre son la carne y la sangre que Dios tomó de María.
Por eso hoy la Iglesia te alaba, Señora, y te llama dichosa. Salve, claustro de la caridad de Dios hecho hombre. Salve, orgullo glorioso de sacros ministros. Salve, remedio eficaz de mi carne. Salve, Virgen Madre de Dios. Ruega a Cristo por nosotros.